Entrevistas

Pateando todos los esquemas

Pateando todos los esquemas

mayo 12th, 2016

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DIARIO EL DÍA, La Plata.
Por María Virginia Bruno.

El eterno cruce entre ficción y realidad marca “The Good”, la exitosa pieza de Braian Kobla que va por su segunda temporada.

La trilladísima frase “nada es lo que parece” podría aplicar a la perfección en “The Good”, la anticonvencional pieza escrita y dirigida por Braian Kobla que acaba de estrenar en la cartelera local su segunda temporada.

Con un relato sencillo, la obra se complejiza con una estructura que mezcla diferentes procedimientos y lenguajes estéticos con los que se busca demostrar que “somos todos parte de una totalidad”, y que la realidad y la ficción es una dupla indisolublemente manoseada.

Así, espectadores y actores son protagonistas de un juego de equilibrios que se enmarca en una gran caja contenedora de otras cajas, un dispositivo escenográfico metafórico que incluye signos que buscan, permanentemente, una o varias lecturas paralelas.

Protagonizada por Gustavo Parola, Julieta Ranno, Alicia Durán, Agustín Tellechea y Lautaro Luna, “The Good” -un nombre que llega como un guiño al filme de Sergio LeoneThe good, the bad and the ugly”- es un producto que toma elementos del western pero, vale aclarar, su espíritu anda por otros carriles. “Tenía muchas ideas en relación a conceptos muy barrocos, muchas ideas superpuestas, y me pareció una buena obra para poder fusionar la música, el audiovisual y la plástica. Una fusión o mezcla en la ya venía practicando en obras anteriores, experimentando de qué manera podían convivir todas esas áreas en una misma pieza”, explicó el dramaturgo y director Braian Kobla.

Responsable de anteriores producciones como “Yo fui Sofía” y “Ofelia se ahoga”, Kobla dialogó con EL DÍA sobre su criatura, sorprendido por el éxito de convocatoria de una pieza que doblegó el prejuicio sobre el público y lo no convencional, un miedo que muchas veces lleva a la autocensura artística y que aquí se presenta como una gran fortaleza del relato.

-¿Con qué idea nace “The Good”?

-Cuando decidí convocar a los actores, ya tenía una idea bastante cerrada. La obra, desde su origen, estaba conferida a la idea de fusionar varios lenguajes. Ya desde la escritura, la totalidad del lenguaje estaba dispuesto. Después lo que hicimos con el elenco fue ver cómo funcionaba la obra en sí misma, en la traducción escénica, y a partir de ahí se hicieron algunas modificaciones.

-¿De qué va la trama?

-La obra tiene un relato muy sencillo: es la vida de un personaje que en los 90 fue actor, protagonista de un western que se filmó en Argentina y que se convirtió en una película de culto, y que ahora en la actualidad trabaja como agente de correos (entrega paquetes a domicilio). Su vida rutinaria se empieza a trastocar con la introducción de diferentes personas que, de forma caprichosa y arbitraria, empiezan a modificar su vida privada. La idea es que la obra se va direccionando de manera caprichosa, en una metáfora de la vida misma, en la que todo, en algún momento, tiende a ir hacia un mismo lugar para que algo suceda.

-¿Qué rol ocupa el afuera en la obra?

-Desde el ensayo se trabajó el tema del afuera, de tener muy presente al espectador, ya que los actores tienen un contacto permanente con ellos. Tanto público como ficción están iluminados de la misma manera, en un intento por igualar, y ejemplificar que estamos todos dentro de una misma totalidad. Esto hace que la obra los integre de una manera mucho más cercana. Los actores tienen una conexión con la mirada todo el tiempo con los espectadores, y es una idea que se va desintegrando hacia el final de la obra cuando el protagonista termina desmantelando el código teatral y termina interactuando con los espectadores, dentro de la platea, porque comprende cómo es la “realidad”.

-Es una obra en la que se patean todos los establecidos del teatro…

-Hay ciertas convenciones o lógicas teatrales que uno ya las tiene sabidas y que la obra empieza a trastocar. El público de repente se encuentra esperando que suceda algo, porque sucedió tal cosa, y se sorprende cuando pasa lo contrario. Es ir en contra de esas causas y efectos esperables.

-Pensar o entretener, ¿qué te importa más a la hora de idear un espectáculo?

-Creo que van de la mano. Hay una idea, que no está tan buena, que dice que lo intelectual es aburrido, y lo superficial es divertido. Me parece que uno como creador puede complementar la profundidad y la diversión, son cosas que van de la mano. La idea es encontrar un lenguaje que posibilite esa lógica. En la obra hay mucho contenido intelectual, filosófico, pero que no deja de estar atravesado por la actuación y una manera de decir y un contexto que hace que eso sea gracioso. La gente se termina riendo de textos muy complejos que quizás ni siquiera se preguntan si los entienden o si llegan a ese nivel de reflexión, pero los incorporan a través del lenguaje, que es un código que está muy cercano a ellos.

Estrenada en abril del año pasado, la obra tuvo en 2015 una larga temporada y este año retomó sus rotaciones por la salas platenses con una función especial en el Coliseo Podestá, en el marco del ciclo “La ciudad en escena”. Ahora, durante los restantes sábados de mayo, pondrá en marcha su mecanismo anticonvencional en Teatro Estudio, 3 entre 39 y 40, a partir de las 21:00.

ENLACE: eldia.com/PateandoTodosLosEsquemas

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