Reseñas

Saboreando un merengue de textura azucarada

Saboreando un merengue de textura azucarada

Teatro Estudio

marzo 31st, 2015

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PORTAL “LA ESCENA ESTÁ SERVIDA“, La Plata.
Por Luciano Papaolo.

Sobre { Él cumple.años } de “Tecito y a la cama“.

Llegué a mi casa y, como de costumbre, incluso antes de sacarme la mochila, puse la pava al fuego para preparar mate. La función estaba programada para las 22:00. Habíamos acordado con un amigo y una amiga para encontrarnos a las 21:30 en la puerta del teatro. Surgió entonces la primera duda: ¿ceno antes o después de la obra? Antes me resultaba un poco temprano y además no tenía suficiente hambre. Después me resultaba un poco tarde para cocinar y, teniendo en cuenta que era un viernes de noche cálida y despejada, quizás iba a ser difícil encontrar lugar en algún bolichito. Antes de haber resuelto este dilema, surgió la segunda de las dudas: ¿voy en bondi o caminando? Me sentía algo cansado, pero tal vez una buena caminata me renovaría un poco las energías.

Ya en los primeros metros de caminata, una ampolla que creía curada, empezó a manifestarse en el meñique de mi pie izquierdo. A pesar de ello, decidí continuar caminando. Faltando escasas cuadras para llegar, el dolor y el ardor eran tan intensos que ya no podía identificar si la ampolla estaba en el meñique o pertenecía al dedo vecino.

Estos dilemas y dificultades fueron una especie de preludio de la obra. Los personajes de ese cumpleaños, sufrían grandes contrariedades para sortear obstáculos que parecían muy sencillos y experimentaban tortuosas dudas a la hora de tomar decisiones sobre cuestiones que se veían triviales para quien observaba desde afuera.

Comenzamos apreciando la función con risas tímidas, algo contenidas, hasta que la carcajada libre, grande y estridente de un niño de no más de tres años rompió todo tipo de ataduras.
Los espectadores, fuimos también un poco partícipes de esa fiesta. Los protagonistas, rompían ese muro invisible que los separa del observador y, en repetidas ocasiones, nos miraban a los ojos. Incluso, algún que otro personaje, nos solicitó auxilio para poder salir triunfante del brete en el que se había metido. A pesar de ello, el mundo de la fiesta y el mundo de los espectadores siempre estuvieron en dos planos diferentes, en dos dimensiones que iban en paralelo y nunca iban a poder fusionarse.

Me fui mirando mi agenda, buscando cuál era el cumpleaños más próximo, sintiendo un aroma a vela derretida que evocó las fiestas de mi niñez y saboreando un merengue de textura azucarada. Encontramos lugar rápidamente en un barcito, disfrutamos unas copas entre amigos y, a pesar de que había decidido cenar antes de la función, volví a comer gracias al apetito que despertó la risa. Para ese entonces, la ampolla ya no existía.

ENLACE: laescenaestaservida.com.ar/SaboreandoUnMerengueDeTexturaAzucarada

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